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31 ottobre 17 febrero 2006 - A mi abuelaEn Marzo de 2005, una noche me desperté sobre las 3 de la mañana tras oír un golpe muy fuerte y unos quejidos de mi abuela. Tenía la mala manía de despertarse todas las noches cada dos por tres. Pero con tan mala suerte, que al ir al perchero de detrás de la puerta al coger la bata, mientras se ponía la bata, se enganchó a la silla, y se cayó, dándose en la cabeza con el pico de un mueble y después con el suelo. Me desperté y me levanté. Asustada fui corriendo hacia la habitación de mi abuela. Mis padres estaban intentando abrir la puerta, pero tras la puerta estaba ella en el suelo, y no se podía abrir. Vi un charco de sangre salir por debajo de la puerta. Y muy nerviosa me fui de allí. Volví para preguntar si querían que les ayudara, pero me dijeron que me acostara. Cuando por fin consiguieron abrir la puerta y levantarla, mi pa le curó las brechas de la cabeza como pudo y vino una ambulancia. Todo el jaleo terminó sobre las 5 de la mañana. Mis pas se fueron y nos quedamos Sandra y yo en la casa.
Por la mañana no fui a primera hora, porque Sandra iba al colegio y no quería dejarle sola.
Cuando mi abuela volvió a casa le vi muy mal. Se había hecho dos brechas en la cabeza y se había hecho una fisura en la cadera. Aparte de que la cabeza ya no funcionaba bien... Estuvo en la cama, y mi pa la levantaba para sentarla. Ella, creía que no tenía rota la cadera, y se levantaba sola. Hasta que le dolía y por poco se caía otra vez. Muchos días así, ni ella sabía quien era, creía que vivía más atrás.
Poco a poco se fue deteriorando, mis pas compraron una silla de ruedas, y hubo que ponerle un cinturón para que no se cayera.
Y cuanto más pasaba el tiempo, peor estaba, hasta tal punto que no podía ni sentarse.
En fin, y así hasta hace poco. No hablaba, parecía que no respiraba.
Hace ya algunos años, no muchos, estuvo ingresada 2 veces y en la UCI. Siempre ha sido fuerte.
Me desperté el Domingo 12 de Febrero, Reina estaba aquí en el piso, y mi pa se la llevaba al campo porque mi abuela estaba muy mal desde el sábado. Me levanté y me fui a la ducha, cogí el libro de "Misericordia" y me fui con mi pa al campo a dejar a la perra. Me leí 15 capítulos entre la ida y la vuelta.
Nada más llegar al campo, llegaron los pas de Pi. Y poco después nos fuimos al Albujón.
Serían las 14:30 cuando llamé a Sergio para decirle que llegaría tarde a casa y que no podríamos hablar mucho. Al rato volvió mi pa al coche y fuimos a Murcia. A casa llegamos sobre las 15:20 más o menos, fui a mi habitación a dejar el bolso y al abrigo mientras que mi pa pasaba a la habitación de mi abuela, cuando fui al estudio mi pa todavía estaba dentro, le dije a Sandra que había quedado a y media en el msn para discutir un trabajo. Iba dirección a la cocina cuando mi padre salía de la habitación, abrazaba a mi madre y le decía: "Esto ya está." Me di media vuelta sin saber que hacer, y llorando fui al estudio sin saber cómo decírselo a mi hermana. Me preguntó qué pasaba. Yo tenía un nudo en la garganta y no quería saber nada. Salí al pasillo con mi ma y con Sandra.
Mi madre avisó a la vecina de arriba y a la de al lado. Empezó a llamar a la gente por teléfono. Sandra se fue a casa de una amiga. Yo mientras en el ordenador intentando reconstruir mi cabeza para montar las fotos para el trabajo. Llegó una prima de mi ma y su hermano, y como no habíamos comido preguntaron si quería comer algo, pero no estaba para comidas. Más tarde mis padres se fueron al tanatorio, y yo me quedé terminando el trabajo. Charo pasó a recogerme para ir con su marido al tanatorio. Me dolía mucho la cabeza.
Al llegar allí, ya estaba más tranquila, parecía como si no hubiera pasado nada. Creía que sólo estaba enferma y no había pasado nada.
La tarde no se hizo muy larga. Fui con mi pa y un amigo suyo a una cafeteria, cutre, pero cafetería al fin y al cabo. No tenía hambre, como para tenerla... Se tomó un café y volvimos. Al llegar otra vez al tanatorio, estaban allí mi tia (hermana de mi ma), mi tio y mi prima, a la que llorando abracé con todas mis fuerzas, nos sentíamos iguales, con el mismo sentimiento, la misma situación... Horrible.
Mi prima (Sara) y yo fuimos a casa d María para recoger a Sandra. Fuimos a casa, y parecía estar todo como antes... No parecía haber cambiado nada.
Al llegar la noche, mientras cenábamos, llegaron mis abuelos paternos. Nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente (Lunes) nos despertamos como cualquier día. Salimos a la calle, fuimos al tanatorio, desayunamos en Ipanema, dimos una vuelta, y acabamos comiendo en el Chino.
Mientras comíamos, Sara, Sandra y yo recordábamos a la abuela, en la playa cuando jugábamos al parchís, cuando nos reñía... Muchas cosas. Y hablábamos que en realidad esto era un bien para ella, porque vivir así no era vivir, hacía tiempo que estaba muerta... No sabía ni quien era, no hablaba, no se levantaba de la cama, se alimentaba a base de potitos, y hasta tenía llagas en varias partes del cuerpo. Era mucho sufrimiento constante.
Al terminar de comer fuimos al tanatorio, pues a las 16:30 era la misa.
Entramos... Había mucha gente... Cuánta gente se puede llegar a ver en un día... María, mi ex-vecina y amiga, su madre, amigos de fuera, familia, hasta el panadero... Con tanta gente allí rompí a llorar, ahora sí me creía todo lo que estaba pasando. Muchos lloraban...
Bajamos a la capilla, me negué a sentarme cerca del cura. No porque no sea religiosa, sino porque no quería ver la caja... Sandra, Sara y yo estábamos detrás. Gasté hasta 3 kleenex, tenía un nudo en la garganta, cuanto más lloraba, más se me ataba el nudo; y cuanto más se me ataba el nudo en la garganta, más lloraba. Alguien me dio un toque suave en la espalda, con ojos vidriosos. Era Pi, a quien le agradezco muchísimo su compañía en un momento así, aunque no pudiera hablar con ella.
Vi a mi tio Pros y a Ana. Llegaron también, al final (cuando llegaron de Albacete, que no está cerca), mi tio Eu y Maribel. Por una puerta vi entrar a Pepita (mi queridísima ex-profesora), MariFé (también profesora del colegio) y Toñi (ex-profesora de mi hermana). Cuanta más gente entraba, más se mociona una. Cuánta gente... Y cuánto dolor sentía, pensando y pensando...
Al terminar la misa, mi ma me dijo que me fuera con ella y con Sandra a casa, pues ella no quería ir al cementerio. Pero dije que no, quería ir, quería estar hasta el final, acompañarla.
Como pude me metí en coche, encima de mi pa, pobre, le aplasté.
Mi pa se bajó antes de llegar al cementerio para esperar a mi tío y guiarle. Una vez allí, bajamos del coche, fuimos andando hasta la tumba de mi abuelo, donde enterrarían a mi abuela. Era tal nudo el que tenía en la garganta que no podía ni respirar, y más lloraba... Es un sufrimiento insoportable, porque sabes que se va, y no te puedes despedir de ella. Acaba de pasar y la echas de menos a rabiar. Cuando se va alguien le echas de menos y sufres (como me pasa con mi niño), pero te queda el consuelo de que le volverás a ver. Pero en ese momento piensas: no le veré nunca más, nunca... Y pensando y pensando... Se va el tiempo sufriendo, porque le quieres, porque ya le echas de menos, y porque recuerdas...
No quise ver cómo le enterraban, me quedé a unos pasos. Llegó mi pa, dándome un abrazo y un beso, consolándome.
Después de todo fuimos al coche, volviendo a casa, yo con mis tíos y Sara.
En casa había gente, ahora mismo no sé bien quién, pero había mucho jaleo.
Yo fui directa a la habitación, consciente del día de mañana y que tenía deberes. Sobre todo esquemas de Historia... En fin, como pude los hice, entre lágrima y lágrima, intentando concentrarme. En uno de esos momentos llegó mi tio Carlos y me dio un besete, que me consoló mucho. Gracias.
Se fue la gente, y quedábamos mis pas, Sandra, Sara y yo. Y me fui al salón con ellos a seguir trabajando, pues no quería estar sola. Había momentos en los que le daba vueltas a la cabeza y me emocionaba. Por la noche, mis pas me dijeron que sólo tenía un día justificado por fallecimiento de un familiar indirecto. Pero que me quedara en casa el Martes también porque no estaba en condiciones de ir, y que no me agobiara con los deberes, que me tranquilizara y relajara.
Por la noche vimos una película, y nada en especial.
Al día siguiente, mis padres estaban en la habitación de mi abuela, sacando la ropa y todo lo que había. Los muebles tenían carcoma, y estaban en muy mal estado. Me presté a ayudarlos, pues me gustaban sus cosas. Tiene muchas fotos preciosas, guardaba cosas nuestras de pequeñas, hasta las cosas que le hacíamos las guardaba, le daba igual que tuviera que salirse de la habitación de tantas cosas nuestras que tuviera, se las quedaba.
Por la tarde me puse a hacer deberes y ya a vivir la vida como siempre, a afrontarlo y asumirlo.
El Miércoles me costó mucho, la verdad. Aún me acordaba de la imagen en el cementerio, de la misa... En ocasiones me emocionaba... Pero con el tiempo te vas acostumbrando... Aunque cuesta.
Me acuerdo que de pequeña me encantaba dormir con ella porque me contaba cuentos y me cantaba.
Me acuerdo que los fines de semana me levantaba antes que mis pas para acostarme en la cama de ella y ponerme a leer, a ver la tele con ella (David el gnomo) o a desayunar. Dibujaba en su habitación.
Me acuerdo que yo iba con ella a recoger a Sandra de la guardería, y siempre pasábamos por la misma tienda porque a Sandra y a mí nos hacía gracia un muñequito.
Son tantas cosas que cuando quieres acordarte, no te acuerdas, y en los momentos menos pensados, te vienen a la cabeza. Aún la veo haciendo sus crucigramas en la habitación, yo queriendo hacerlo y no me salían, y me compraba libritos de crucigramas para niños, y yo más feliz que nada, porque tenía lo mismo que ella. O cuando me llamaba para decirme algo o leerme el poema que me hizo...
Bueno... Ella está descansando, con su marido, como ella quería. Fue feliz, y vivió mucho. Aunque acabó con casi un año de sufrimiento... Un final doloroso, pero ha terminado. Ya no sufre.
Y la vida sigue... Y volviendo al día de hoy: es Viernes, ahora iré al campo, miraré las estrellas, y mañana vendrá Sergio. La semana que viene tengo dos exámenes, y la siguiente uno de Historia. En fin... A vivir la vida.
Todavía hay veces, cuando suena el teléfono por la noche, cuando paso al lado de su habitación, cuando voy por el pasillo y se me oyen los cascabeles... Todavía hay veces que creo que está en la habitación, durmiendo. Creo que con cualquier ruido le voy a despertar. Y la puerta está cerrada. Si la abro veré que no hay ningún mueble, pues la cama se la llevaron (que era del hospital) y los muebles los bajamos anoche para que los recogieran.
Aunque no me veas, aunque no me oigas, te digo que una parte de mi corazón sigue siendo tuyo. Y con todos mis recuerdos te digo que TE QUIERO. Y que nunca pude decírtelo: gracias por habernos dado tu tiempo, tu cariño y tus sonrisas. Gracias por ser como eras. Te echaré de menos. CommentiPer aggiungere un commento, accedi con il tuo Windows Live ID (se utilizzi Hotmail, Messenger o Xbox LIVE possiedi già un Windows Live ID). Accedi Non hai ancora un Windows Live ID? Registrati RiferimentiL'URL di riferimento per questo intervento è: http://strmur89.spaces.live.com/blog/cns!90F3979E5CB808C8!226.trak Blog che fanno riferimento a questo intervento
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